El reino de las maravillas
Hoy de repente me di cuenta que mañana es prácticamente mi último día en Camboya. El tiempo que he estado aquí (que no ha sido poco) parecía una eternidad el mes pasado que estaba alistando los últimos detalles para emprender el viaje que aún entonces se veía distante.
Esta aventura por el sudeste asiático me ha servido para muchas cosas, podría hacerme el profundo por aquí e inventarme cualquier frase pegadora de crecimiento personal, pero la realidad es que había dos motivos por los que realmente quería venir a este país alejado de toda cultura popular: el primero es que obviamente no quería perderme el Grand Prix de Kombat y el segundo es que tenía muchísimas ganas de conocer el Kun Khmer en persona.
Respecto a ese segundo punto, la verdad es que estoy realmente impresionado por lo que vi en el evento de Kombat: cuatro combates de Kun Khmer, de cuatro peleadores camboyanos contra el resto del mundo, cuatro victorias para el reino de las maravillas por la vía del K.O.
Dicho lo anterior, estoy consciente de que estos cuatro peleadores seguramente eran peleadores premium, no lo sé a ciencia cierta, pero sus récords de pelea eran impresionante, lo que sí es seguro es que no eran unos novatos. Y también otra cosa: la participación del Kun Khmer en el Grand Prix de Kombat es uno de los recientes intentos por llevar este arte marcial a la escena internacional y que sea mundialmente conocido… No lo es, ni por mucho.
Uno de los objetivos de la federación internacional de Kun Khmer es volver a este arte marcial un deporte olímpico, es difícil decir si lo podrán lograr, por su naturaleza misma quizá nunca lo veremos como deporte oficial, pero el reconocimiento del COI sí creo que pueden lograrlo más pronto de lo que mucho imaginan.
Me resulta imposible no encontrar similitudes entre el arte marcial camboyano y el taekwondo. Verán: la historia de este país del sudeste asiático tiene unos episodios muy oscuros, mientras Corea se organizaba para proyectar su arte marcial a nivel internacional y empezaban las negociaciones para incluirlo en los Jugos Olímpicos de 1988, en la Kampuchea Democrática (actual Camboya) una cuarta parte de la población había sido perseguida y exterminada por el régimen entre 1975 - 1979, lo que afectó profundamente a todas las tradiciones culturales, incluido el Kun Khmer.
Los Jemeres Rojos (y yo sé que en la historia es una sobresimplificación dividir a los bandos en buenos y malos, pero es que a estos nomás les faltaban los cuernos) buscaban una “revolución agraria” radical, un “Año Cero” que eliminara cualquier vestigio de la sociedad anterior (educación, religión, artes, intelectuales y tradiciones). Consideraban las artes marciales, el boxeo y a sus practicantes como elementos “burgueses”, “contrarrevolucionarios” o potencialmente peligrosos (por el entrenamiento físico y la posible resistencia). Muchos maestros, boxeadores conocidos e instructores fueron ejecutados sistemáticamente, enviados a campos de trabajo forzado o simplemente forzados a huir del país. Los que sobrevivieron a menudo lo hicieron manteniéndose en bajo perfil, en zonas rurales aisladas o en el exilio.
Como resultado de las ejecuciones, el trabajo forzado y la diáspora, se perdió una gran parte de la transmisión oral y práctica del arte.
Volviendo a cosas no tan oscuras, el cambio de régimen trajo un intento de rescate cultural, sin embargo la posición del país no ayuda mucho. El historiador francés Jean-Louis Margolin describe a Camboya como:
“Un pequeño país encerrado en sí mismo durante mucho tiempo”
Una frase demoledora para una nación que pretende sacar su arte al mundo… Sin embargo, lo mismo hubiéramos podido decir de Corea en los 60’s o de Japón en los años 20’s.
Hay similitudes importantes entre el Kun Khmer de 2026 y el Taekwondo de 1970:
El taekwondo se promocionó de manera comercial en un principio como “karate coreano”, el kun khmer lo hace como “el padre del muay thai”.
Los niños no practican el kun khmer al igual que no lo hacían con el taekwondo en aquella época.
La resistencia al cambio y a la internacionalización entre maestros era muy fuerte en el taekwondo primigenio, pasa lo mismo con el kun khmer actual.
Los peleadores coreanos se imponían fácilmente a los extranjeros, muy similar a lo que se vio con los camboyanos en el Grand Prix.
Al igual que el taekwondo de la segunda mitad del siglo XX, el kun khmer aparece como una práctica exótica.
Viendo las grande similitudes, no quiere decir que el arte camboyano seguirá necesariamente el camino del coreano, me queda claro que lo que se ha logrado con el taekwondo en menos de 100 años es algo nunca antes visto y a diferencia de Camboya, Corea siempre ha tenido ese impulso de proyectarse al mundo, eso ayuda bastante.
No sé si el kun khmer logre acortar la brecha cultural que lo separa del taekwondo, pero estoy seguro que sí podría hacerlo con la que lo separa del box, el mismo muay thai o el kickboxing, es un camino largo, pero viable.
Actualmente Phnom Penh (capital de Camboya) es una ciudad en construcción, para donde voltees hay grúas y edificios remodelándose o erigiéndose. Viven una etapa de expansión económica y eso incluye a todos los rubros, incluido el deporte, así que los esfuerzos que actualmente existen para proyectarse ante el mundo probablemente no sean una fase, sino el inicio de una constante.
¿Lo lograrán? Bueno, sólo el tiempo lo dirá, pero sin duda es una sensación agradable el saber que podremos presenciar el surgimiento de algo que, quizá algún día, podamos verlo inmerso en la cultura popular no sólo de su país de origen. Sin embargo la sensación más satisfactoria es que, al margen de ser espectador, probablemente pueda ser parte de ese desarrollo, de nuevo: al tiempo.
Por cierto, el mote del “reino de las maravillas” se lo escuché al presentador Luke Macdonald en el evento y me fascinó.
Oficialmente arrancamos el segundo semestre de 2026, quédense en el Daily Dan y entérense de más noticias, historias, eventos y chismes del Kun Khmer y las demás artes marciales porque se viene una segunda mitad de año cargadísima de todo. Nos vemos en la jaula… O el tatami, o el ring.




