El mundo sin Dai-Won Moon
Todos los caminos llegan a él.
Estaba convencido de que el highlight del mes de mayo iba ser la Olimpiada Nacional, sin embargo en el transcurso de la misma nos enteramos de una noticia que lejos de una nota alta, fue más bien demasiado baja: “se murió Dai Won Moon”, me dijo Boris mientras revisábamos el panel de transmisión. Yo me apresuré a escribir un artículo al respecto, creyendo que acababa de pasar, pero no, había sido la noche anterior y la noticia ya estaba ampliamente difundida en redes.
Te das cuenta de la relevancia de una persona cuando en un momento como este un montón de instituciones internacionales, personajes, medios de comunicación y todo tipo de usuarios en la web publican sus respetos al unísono, muchos de ellos enemigos acérrimos entre sí en el día a día, pero apuntando a un sólo lado lado durante un suceso como este.
Es raro recibir una noticia así, por muchas razones: el maestro Moon no es alguien a quién yo conociera realmente, es decir, lo conocía, sabía quién era, lo vi en persona muchísimas veces, de hecho fui más o menos cercano a la última campaña que hizo por un puesto en la World Taekwondo donde por cierto perdió y esa derrota marcó su desaparición de la vida pública. Pero es raro también porque es alguien que siempre estuvo ahí, y cuando digo siempre, es SIEMPRE. Saber que ya no está me deja personalmente una sensación de vacío que es difícil explicar.
(Sí tengo una historia con él, pero es para contar en otra ocasión…)
El maestro Moon era una gran figura, aparecía y desaparecía del mapa de vez en cuando, de pronto me daba la impresión de que lo hacía sólo para que el vulgo recordara que aquí seguía… Quién sabe. Una figura como él no llega tan alto sin algo de enigmático en su ser.
Pero lejos de los enigmas, las cosas que sí realizó dejan un precedente importantísimo en la cultura del taekwondo mexicano, y yo diría “del mexicano” en general. Dai Won Moon llegó a un país en donde nos encantan los golpes y lo supo capitalizar de tal forma que la semilla que plantó dio como fruto cientos de medallas internacionales, incluidas medallas olímpicas y oros mundiales. Quizá en la era moderna, las medallas más famosas y recientes ya no son de alumnos directos de él, pero como dijo el profesor Roberto Beltrán Ramonetti durante el pequeño homenaje que se dio justo en la Olimpiada Nacional:
“Todos los caminos llevan a Dai-Won Moon”
Sin embargo, esa misma semilla no sólo germinó en resultados deportivos, sino que lo que vino a enseñar es hoy el sustento y la forma de vida de decenas de miles de familias a lo largo y ancho de la República Mexicana y por ello creo que no ha recibido el suficiente crédito.
Sí, millones de alumnos aprenden a hacer defensa baja y posición de jinete gracias a que un día a un señor coreano se le ocurrió venirse a vivir aquí y abrir una escuela para enseñar sistemáticamente este deporte/arte marcial/way of life, pero también miles de personas pueden llevar comida a sus mesas, mandar a sus hijos a la escuela, pagar su universidad, vivir dígnamente, o como yo, discutir en redes y ganarse la vida documentando hasta donde ha llegado eso que vino a enseñarnos cómo se hacía.
La última vez que lo vi fue en 2022 durante la Gala de PATU en Guadalajara, le dieron un premio. Me extrañó porque tenía la impresión de que estaba peleado con el Lic. Juan Manuel, pero verlo ahí me dio mucho gusto. Se veía normal, como siempre. Lo saludé, no me reconoció, no le pedí una foto, no tengo una foto con él, jamás la tendré…
Se pueden decir muchas cosas sobre él. Para algunos era el mismísimo demonio, para otros caminaba sobre las aguas y calmaba tempestades, la realidad es que Dai Won Moon no solo introdujo el taekwondo en nuestro país, sino que lo arraigó culturalmente, lo profesionalizó y ayudó a convertir a México en una potencia. Su impacto trasciende lo deportivo y ha tocado la vida de cientos de miles de familias y personas que probablemente hoy día nunca hayan oído hablar de él. Su historia es un ejemplo de dedicación intercultural y pasión por las artes marciales.
NO NOS PERMITAMOS OLVIDARLO.
No sé cómo vaya ser el mundo sin Dai-Won Moon, sólo sé que no será mejor.
Descanse en paz, maestro.
Y gracias por todo.



